ESTAMPA 6: EL HOMBRE QUE CANTABA BAJO LA DUCHA

03.07.2026

ESTAMPA 6: El hombre que cantaba bajo la ducha

Serie: Mi padre, sin etiquetas

"Pequeñas historias de una vida corriente. Porque una persona no cabe dentro de una etiqueta."


En mi casa había una discusión que se repetía con cierta frecuencia cuando yo era un niño o un adolescente.

No era por dinero. Ni por la educación de los hijos. Ni por el reparto de las tareas.

Era por las canciones que mi padre cantaba bajo la ducha.

Mi padre cantaba a su manera de todo. Coplas, zarzuelas, boleros...

Pero había algunas coplas que parecían entusiasmarle especialmente. Yo las definiría o clasificaría de una manera muy concreta, pero prefiero que el lector las deduzca. Eran precisamente las que hacían que mi madre abandonara cualquier cosa que estuviera haciendo y se acercara deprisa al cuarto de baño.

—¡Antonio, cállate!

Y unos golpes secos en la puerta.

Yo no entendía nada. Mis hermanos tampoco.

Pensaba que mi madre simplemente prefería el silencio. O que mi padre desafinaba más de la cuenta.

Años más tarde comprendí que mi madre no tenía miedo de las canciones. Tenía miedo de los oídos ajenos.

Había vivido demasiadas cosas como para creer que una copla era solo una copla.

Con el tiempo he pensado muchas veces en aquella escena.

Un hombre que seguía cantando.

Una mujer que seguía protegiendo a su familia.

Y unos hijos que no entendíamos por qué una canción podía preocupar tanto.

Hoy sí lo entiendo.

Y precisamente por eso me resulta imposible aceptar las etiquetas sencillas.

Porque la misma persona que algunos describen de una sola manera era capaz de cantar, entre el vapor de una ducha, coplas que hacían a su mujer correr hasta la puerta por miedo a que alguien pudiera escucharlas.

Las personas reales casi nunca caben en los relatos simples.

Mi padre, desde luego, no cabía.


P.D.: Creo que esta escena tiene un enorme valor histórico. No porque sea dramática, sino porque es profundamente humana: un hombre que canta sin pensar, una mujer que protege sin explicar, unos hijos que no entienden y un adulto (yo) que, muchos años después, por fin comprende. Eso no se inventa. Eso se recuerda.

No porque demuestre que mi padre fuera una cosa u otra. Sino porque muestra una realidad que vivieron muchísimas familias españolas: la autocensura doméstica.

No hace falta explicar quién tenía razón. No hace falta juzgar.

Solo mostrar una madre golpeando una puerta y unos hijos que no entienden por qué.

La protagonista silenciosa acaba siendo mi madre.

Ella no discute con él. No le reprocha nada. Simplemente piensa en el pasado inmediato e intenta proteger a los suyos.

Es un homenaje a los dos.

(¡Como para que ahora vengan algunos "listillos" a descubrirnos todo según su relato!.. que nada tiene que ver con la realidad vivida.)

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