EL SILENCIO Y EL MAGISTERIO

24.02.2026

Cuando la autoridad sustituye al análisis


Hace unos días señalaba el llamativo silencio académico ante la imprecisión terminológica contenida en el anuncio de una futura "ley de lenguas andaluzas" por parte de la Vicepresidenta primera del Gobierno de España y Ministra de Hacienda en precampaña electoral autonómica. Desde el punto de vista filológico, la distinción entre lengua y dialecto no es ideológica: es técnica. Y, sin embargo, apenas hubo reacción.

Silencio ilustrado.

Ahora, en la entrada del 22 de febrero de 2026 titulada "Dos excelentes libros sobre la Guerra Civil" ¹, Juan Antonio Ríos Carratalá adopta una postura muy distinta. Ya no hay silencio. Hay magisterio.

Cito:

"Frente a trabajos de encargo donde el autor, sin pruebas, habla de una condena a muerte, encontramos el rigor de los profesionales de la Historia… vivimos unos momentos en que cualquiera sienta cátedra… conviene acudir al magisterio de unos profesionales de la Historia…"

La oposición está clara:

  • Profesionales.

  • Ecos.

  • Ruido.

  • Aspirinas para tumores.

El recurso retórico es eficaz.
El problema es que el argumento central no es metodológico. Es de autoridad.

1. El profesional como frontera

Gutmaro Gómez Bravo. Fuente: Blog Varietés y República
Gutmaro Gómez Bravo. Fuente: Blog Varietés y República

En esa entrada se elogia nuevamente a Gutmaro Gómez Bravo como ejemplo de rigor profesional. Nada objetable en el reconocimiento entre colegas.

Lo cuestionable es el contexto.

Cuando existe una controversia pública documentada, cuando se han presentado objeciones concretas basadas en archivos, cuando se han señalado errores verificables, el debate no se resuelve invocando el "magisterio".

Se resuelve examinando los documentos.

Si la respuesta ante una discrepancia no es el contraste de fuentes, sino la reafirmación corporativa del profesional, el mensaje implícito es otro:

No importa qué se argumente.
Importa quién lo argumenta.

Y eso ya no es método. Es jerarquía.

2. El precedente que no desaparece

Este debate no surge ahora.

Ya fue analizado con detalle en la entrada de mi blog del 25 de junio de 2025,
"CUANDO EL ARCHIVO SE CONVIERTE EN RELATO: RESPUESTA A UNA HISTORIA MAL CONTADA" ²,
donde se examinan intervenciones públicas en las que se asumieron versiones sin contrastar la totalidad de la documentación disponible.

Allí no hubo descalificación genérica. Hubo análisis concreto:

  • Qué se dijo.

  • Qué documentos existen.

  • Qué no se contrastó.

  • Qué afirmaciones eran problemáticas.

Ese precedente existe.
No es un eco.
Es un texto documentado.

Ignorarlo y hablar ahora de "ruido" no lo convierte en inexistente.

3. "Cualquiera sienta cátedra"

Se cita a Antonio Machado para advertir que vivimos tiempos en los que cuesta distinguir "las voces de los ecos".

La frase es literariamente impecable.
Pero aplicada al debate histórico, puede deslizar una idea inquietante:

Voz legítima = profesional acreditado.
Eco = quien cuestiona desde fuera.

Sin embargo, la Historia no es un gremio cerrado.
Es una disciplina metodológica.

Si alguien señala:

  • Una atribución errónea,

  • Una función mal descrita,

  • Una cronología incorrecta,

  • Una interpretación no respaldada por el expediente completo,

La respuesta no puede ser: "acudamos al magisterio".

Debe ser: "veamos el expediente".

Porque el documento no distingue entre catedrático y ciudadano.

4. Especialización y reorientación temática

Existe además una cuestión metodológica que merece plantearse con serenidad.

Si un catedrático cuya especialidad formal es la Literatura Española dedica una parte significativa de su producción pública reciente a la interpretación de sumarios militares y procesos represivos, ¿no convendría distinguir con mayor claridad entre análisis literario e interpretación histórico-jurídica?

La interdisciplinariedad es legítima y enriquecedora. Ninguna disciplina vive aislada.

Pero cuando se invoca el "magisterio de los profesionales" como argumento decisivo, la pregunta es inevitable: ¿de qué profesionalidad hablamos exactamente? ¿De la literaria, de la historiográfica, de la jurídico-archivística?

No se trata de cuestionar el derecho a investigar temas colindantes. Se trata de recordar que la autoridad invocada debe corresponderse con el campo metodológico en el que se ejerce.

Si el argumento central es la profesionalidad, la delimitación disciplinar no es un detalle menor.

5. La metáfora médica

La comparación con quienes "recetan aspirinas para curar tumores" pretende desacreditar al discrepante como incompetente.

Pero esa metáfora presupone algo que no se ha demostrado: que el análisis crítico carece de fundamento.

Cuando lo que se discute no es una teoría estructural de la Guerra Civil, sino hechos verificables en un expediente concreto, la competencia no es cuestión de rango académico, sino de lectura rigurosa.

Y la lectura rigurosa no necesita sello corporativo.
Necesita precisión.

6. Silencio en unos casos, autoridad en otros

El contraste resulta revelador:

  • Ante una imprecisión política evidente → silencio.

  • Ante una discrepancia documentada → invocación solemne del profesional.

En un caso, la academia calla.
En otro, se erige en frontera frente al "ruido".

Si el criterio fuera puramente metodológico, la reacción sería simétrica: precisión en ambos casos.

Cuando no lo es, cabe preguntarse si estamos ante un problema de método o de alineación contextual.

Conclusión reforzada: una cuestión incómoda

Nadie discute la importancia del profesionalismo en la investigación histórica.

Lo que sí merece examen es el uso del prestigio académico como argumento sustitutivo del análisis documental³.

Cuando una objeción concreta —referida a fechas, cargos, funciones o atribuciones verificables— no se responde examinando el expediente, sino apelando al "magisterio", el desplazamiento es evidente: del método al rango.

El método histórico es universal o no es método.

Si la validez de una crítica depende del escalafón de quien la formula, la disciplina deja de sostenerse en la prueba y pasa a sostenerse en la jerarquía.

Y entonces la pregunta deja de ser historiográfica para volverse institucional:

¿Se protege la Historia defendiendo los documentos,
o protegiendo a quienes los interpretan?

El rigor no necesita blindajes circulares.
Necesita contraste.

Y el contraste no teme a la discrepancia.

Notas

¹ Juan Antonio Ríos Carratalá, "Dos excelentes libros sobre la Guerra Civil", Varietés y República, 22 de febrero de 2026.

² José Francisco Baena González, "Cuando el archivo se convierte en relato: respuesta a una historia mal contada", 25 de junio de 2025. Disponible en:
https://antonioluisbaenatocon.blogspot.com/2025/06/cuando-el-archivo-se-convierte-en.html

³ Sobre la distinción entre legitimación institucional y método verificable en historiografía, véase la discusión clásica en teoría del conocimiento histórico acerca del principio de verificabilidad documental frente al principio de autoridad.