DEL COMANDANTE ALFARO AL FALSO SECRETARIO: DOS RELATOS, UN MISMO TRILERISMO ACADÉMICO

Entradas originales de Ríos Carratalá:
Un nuevo dato sobre el proceso a Miguel Hernández (21/10/2021)
👉 https://varietesyrepublica.blogspot.com/2021/10/un-nuevo-dato-sobre-el-proceso-miguel.htmlEl comandante Pablo Alfaro Alfaro y Miguel Hernández (05/12/2021)
👉 https://varietesyrepublica.blogspot.com/2021/12/el-comandante-pablo-alfaro-alfaro-y.html
Entrada 1 (21/10/2021)
Mención directa a mi padre: No lo nombra, pero el contexto enlaza con publicaciones anteriores donde atribuía a tu padre papeles que correspondían a otros.
Punto clave: Afirma que el comandante Pablo Alfaro Alfaro presidió el consejo de guerra contra Miguel Hernández.
Problema: Oscilación y falta de rigor: en otras publicaciones, Ríos ha atribuido a mi padre funciones que en realidad correspondían a Alfaro, sin reconocer la confusión.
Comentario relevante: Actúa como si lanzara los dados: publica primero y luego espera que otros especialistas corrijan sus errores.
Entrada 2 (05/12/2021)
Mención directa a mi padre: No explícita, pero mantiene vivo el marco narrativo de los "verdugos de Miguel Hernández", en el que antes situó a mi padre.
Punto clave: Continúa perfilando el papel de Alfaro, pero sin aclarar ni reparar la atribución indebida hecha a mi padre en el pasado.
Problema: Inconsistencia: en lugar de rectificar los errores anteriores, los encubre con nuevas versiones, como si la culpa flotara de un personaje a otro.
Comentario relevante: Ha buscado minuciosamente en sumarios y expedientes, incluso en documentos que yo aporté al juzgado, no para esclarecer, sino para rascar cualquier detalle que sirva a su empeño en desacreditar a mi padre y a mi, sin tener en cuenta el tiempo y circunstancias en que se hiciera.
Réplica narrativa: Del comandante Alfaro al falso secretario: dos relatos, un mismo trilerismo académico
Las dos entradas de Ríos sobre el comandante Pablo Alfaro Alfaro muestran con claridad su manera de proceder: publicar primero, corregirse a medias después, y nunca reconocer un error.
En octubre de 2021 afirmó que Alfaro presidió el consejo de guerra que condenó a Miguel Hernández. En diciembre volvió sobre el mismo personaje, como si descubriera la pólvora, pero sin aclarar lo más importante: que en publicaciones anteriores atribuyó a mi padre papeles que nunca tuvo y que, en realidad, correspondían a Alfaro.
Ese vaivén es más que un lapsus: es la prueba de un método deficiente y oportunista. Un historiador serio contrasta antes de publicar. Ríos, en cambio, lanza los dados y luego espera que otros especialistas desmientan o corrijan, en caso de que lo hagan; mientras tanto, o para siempre, el daño ya está hecho.
Además, esta insistencia en Alfaro no es inocente. Sirve para mantener vivo el relato de los "verdugos de Miguel Hernández", en el que él mismo ya había situado falsamente a mi padre. Y mientras enreda con nombres y cargos, sigue ocultando lo que está documentado y fue declarado judicialmente: que mi padre era abogado, que no estuvo en ningún consejo de guerra y que no pidió penas de muerte.
Todo ello revela un patrón: se aferra a cualquier documento, incluso de los que yo aporté en sede judicial, buscando detalles nimios de épocas y circunstancias pasadas para presentarlos hoy como si fueran faltas graves. Es un juego tramposo que confunde a lectores poco atentos y alimenta el mito de que "nunca se equivoca".
Pero sí se equivoca, y mucho. Lo grave es que en vez de rectificar, manipula. Lo hizo al cargar sobre mi padre responsabilidades ajenas, y lo vuelve a hacer al cubrir esas atribuciones con nuevas historias sobre Alfaro. Así se construye un relato de cartón piedra: cambiar nombres según convenga, pero nunca admitir la verdad.