De un correo privado a una polémica pública (II)
17 y 18 de junio de 2019: unas preguntas, una respuesta y el comienzo del «efecto Streisand»

La primera entrega terminaba en una fecha y una hora muy concretas:
17 de junio de 2019, 14:22 horas.
A esa hora recibí un correo de Ferrán Bono, periodista de El País.
Hasta entonces, el asunto se había desarrollado fundamentalmente entre escritos, correos y actuaciones relacionadas con mi solicitud ante la Universidad de Alicante. A partir de aquel mensaje entraba en una dimensión completamente diferente.
Un correo con preguntas
Ferrán Bono se presentó como periodista de El País y me explicó que estaban interesados en conocer los motivos de la petición que había formulado.
Entre sus preguntas aparecía una expresión que ya merece ser anotada:
«¿Por qué solicita el derecho al olvido sobre el nombre de su padre?»
Mi requerimiento de mayo se había presentado como ejercicio del derecho de supresión. Ahora aparecía denominado «derecho al olvido».
En aquel momento no podía imaginar la dimensión que adquiriría el asunto apenas unas horas después.
Mi respuesta: 17 de junio, 22:03
Respondí esa misma noche.
Le expliqué que era una persona corriente, alejada de cualquier protagonismo público, y que había llegado a aquel asunto después de descubrir en Internet publicaciones sobre mi padre que desconocíamos.
Le manifesté también algo que estaba en el origen de mis actuaciones: consideraba que la vida de Antonio Luis Baena Tocón había sido «reescrita» mediante afirmaciones que, después de meses de búsqueda en archivos y documentación, entendía que podían ser contrastadas.
Mi padre había fallecido en 1998. Ni él ni la familia habíamos tenido conocimiento durante años de buena parte de aquellas publicaciones.
Por eso pregunté también por unas supuestas informaciones de los años noventa a las que se hacía referencia y que yo no había logrado localizar.
No estaba haciendo una declaración pública preparada para un periódico. Estaba respondiendo, extensamente y con mis propias palabras, a las preguntas que un periodista me había enviado por correo electrónico.
Una segunda respuesta aquella misma noche
A las 23:07, Ferrán Bono volvió a escribirme.
Me indicó que las referencias a publicaciones de los años noventa procedían de la resolución de la Universidad de Alicante y añadió una precisión que hoy resulta particularmente útil para reconstruir aquel momento:
«Yo no soy ningún experto en el tema, simplemente un periodista que ha considerado interesante el debate abierto por el derecho al olvido digital. Y el periódico también lo estima así».
La frase permite fijar documentalmente cuál era entonces el interés periodístico declarado: el debate abierto por el derecho al olvido digital.
Horas después, el asunto estaba ya en El País.
18 de junio: de la correspondencia a la noticia
La publicación de El País convirtió lo que hasta entonces había sido para mí una actuación concreta relacionada con determinadas publicaciones sobre mi padre en un asunto de interés público.
Mis palabras aparecieron incorporadas a la información.
Aquella tarde escribí a Ferrán Bono:
«No me dijo que utilizaría mis palabras. Sin problema, es cierto lo que le dije, pero evidentemente no es la mejor manera de olvidar».
La precisión es importante.
Yo sabía que Ferrán Bono era periodista de El País. También sabía, porque él mismo me lo había dicho, que el periódico estaba interesado en el asunto.
Por eso no tendría sentido afirmar ahora que desconocía que estaba hablando con un periodista.
Lo que dejé escrito aquel mismo 18 de junio fue algo más concreto: que no me había dicho que utilizaría mis palabras.
No necesito añadir hoy una interpretación diferente. El correo conserva exactamente lo que pensé entonces.
Ríos Carratalá vuelve a ponerse en contacto conmigo
Ese mismo 18 de junio, a las 17:57, recibí un nuevo correo de Juan Antonio Ríos Carratalá:
«He leído sus declaraciones en El País acerca del inadecuado tratamiento de la figura de su padre en mis trabajos».
Se ofrecía a tener en cuenta cualquier documento o testimonio que pudiera demostrar alguna falsedad en sus trabajos y ponía también su blog a mi disposición.
A las 20:31 le respondí.
Comencé haciendo una precisión:
«Yo no he hecho ninguna declaración en El País, ni en ningún otro medio, ni me pidieron que hiciera ninguna declaración cuando se pusieron en contacto conmigo».
Y añadí:
«Sí, puedo demostrar alguna falsedad, no tenga la menor duda».
La correspondencia continuaría durante los días siguientes. Ríos Carratalá reiteraría su disposición a recibir documentación y a rectificar sus textos si se acreditaban errores.
Pero en aquel mismo correo de las 20:31 aparece otra frase que permite saber cómo estaba viviendo yo lo sucedido precisamente mientras ocurría.
«Ahora estoy tragándome el efecto Streisand»
Escribí a Ríos Carratalá:
«Ahora estoy tragándome el "efecto Streisand", que no sabía que se llamaba así, por el que le felicito, está consiguiendo su objetivo ampliamente. Mal camino para el asunto de su correo "Colaboración"...»
La frase tiene hoy para mí un valor especial.
No es una explicación construida retrospectivamente para describir lo que sucedió después.
La escribí el propio 18 de junio de 2019, cuando la difusión apenas acababa de comenzar.
Y contiene además un pequeño detalle que merece conservarse: entonces ni siquiera sabía que aquello que estaba experimentando recibía ese nombre.
Lo que sabía entonces y lo que no podía saber
Aquí conviene detener la cronología.
Sería muy fácil reconstruir aquellos dos días sabiendo todo lo que ocurrió después. Pero hacerlo así deformaría precisamente lo que intento documentar.
El 17 de junio yo no sabía cuántos medios acabarían publicando el asunto.
No sabía que se reproducirían unas afirmaciones y unos encuadres determinados.
No sabía que aparecerían comunicados, declaraciones de historiadores, profesores y asociaciones.
Tampoco sabía que años después seguiríamos discutiendo sobre aquellas publicaciones en procedimientos judiciales.
Lo que sí sabía la tarde del día 18 era mucho más sencillo:
algo que había comenzado como una petición relacionada con determinados datos y enlaces acababa de convertirse en una noticia que empezaba a reproducirse.
Y ya tenía un nombre para lo que estaba observando:
efecto Streisand.
De una noticia a muchas
En la entrada anterior dejé planteada una pregunta:
¿cómo pasó un requerimiento sobre determinados datos personales a ser presentado como un problema de censura, borrado o reescritura de la Historia?
Los correos del 17 y 18 de junio permiten localizar un momento decisivo de esa transformación.
Pero todavía falta una parte fundamental.
Porque una información publicada en un periódico, por importante que sea, no explica por sí sola lo que sucedió después.
La noticia empezó a reproducirse.
Los titulares se multiplicaron.
Llegaron otros medios, agencias, radios, televisiones y redes sociales.
Y aquello que el día 17 cabía todavía dentro de un intercambio de correos estaba a punto de propagarse mucho más lejos.
Eso será ya la siguiente entrada:
Como la pólvora.
Notas y fuentes
1. Correo de Ferrán Bono, 17 de junio de 2019, 14:22 h. Primer contacto conservado con el periodista de El País. Contiene las preguntas sobre los motivos de la solicitud y la referencia al «derecho al olvido sobre el nombre de su padre».
2. Correo de José Francisco Baena González a Ferrán Bono, 17 de junio de 2019, 22:03 h. Respuesta extensa sobre el origen de las actuaciones, el conocimiento tardío de las publicaciones y la documentación que estaba siendo investigada.
3. Correo de Ferrán Bono, 17 de junio de 2019, 23:07 h. Incluye su explicación sobre las referencias a publicaciones anteriores y su afirmación acerca del interés periodístico por el debate abierto por el «derecho al olvido digital».
4. El País, 18 de junio de 2019. Información que dio proyección pública al caso y en la que se incorporaron contenidos procedentes del intercambio mantenido el día anterior.
5. Correo de Juan Antonio Ríos Carratalá a José Francisco Baena González, 18 de junio de 2019, 17:57 h., asunto «Colaboración». Tras indicar que había leído sus «declaraciones en El País», se ofrece a tener en cuenta documentación o testimonios que pudieran acreditar falsedades en sus trabajos.
6. Correo de José Francisco Baena González a Ferrán Bono, 18 de junio de 2019, 20:04 h. Contiene la frase: «No me dijo que utilizaría mis palabras. Sin problema, es cierto lo que le dije, pero evidentemente no es la mejor manera de olvidar». Conviene comprobar la hora exacta en el original antes de publicar.
7. Correo de José Francisco Baena González a Juan Antonio Ríos Carratalá, 18 de junio de 2019, 20:31 h., asunto «Re: Colaboración». Contiene «Yo no he hecho ninguna declaración en El País...», «Sí, puedo demostrar alguna falsedad...» y la referencia contemporánea al «efecto Streisand».
8. Correspondencia posterior con Juan Antonio Ríos Carratalá. El 19 de junio reiteró su disposición a recibir documentos y, en su caso, rectificar sus textos; el intercambio continuó posteriormente.
9. Asesoramiento jurídico posterior. El 28 de junio, el despacho que entonces asesoraba a José Francisco Baena González le recomendó que, de momento, no remitiera información a Ríos Carratalá mientras se fijaban las líneas de defensa. Esta circunstancia resulta relevante para reconstruir posteriormente, en parte, por qué determinada documentación no le fue remitida entonces..